EL ASCENSO DEL HOMBRE, por JACOB BRONOWSKI
Jacob Bronowski nació en 1908 en Łódź, entonces parte del Imperio ruso, en el seno de una familia judía polaca que, como tantas otras, se vería zarandeada por los vaivenes de la historia europea. La Primera Guerra Mundial obligó a los Bronowski a huir a Alemania y, poco después, a establecerse en Londres, donde Jacob desarrolló una brillante carrera académica. Se doctoró en matemáticas en la Universidad de Cambridge bajo la tutela de H. F. Baker, pero su curiosidad y talento pronto lo llevaron mucho más allá de los límites de la ciencia pura. Bronowski fue, ante todo, un humanista renacentista en pleno siglo XX: matemático, poeta, inventor, dramaturgo, divulgador, ajedrecista y, sobre todo, un apasionado explorador de los vínculos entre el arte, la ciencia y la condición humana. Durante la Segunda Guerra Mundial, colaboró con el gobierno británico desarrollando métodos matemáticos para operaciones estratégicas y, tras el conflicto, participó en la evaluación de los efectos de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki. Aquella experiencia lo marcó profundamente y lo llevó a orientar su pensamiento hacia las ciencias humanas y la biología, buscando comprender la naturaleza de la violencia y el progreso humano. Bronowski se convirtió en una figura carismática de la divulgación científica, especialmente a partir de la serie de la BBC “El ascenso del hombre”, que lo consagró como uno de los grandes narradores del conocimiento y la aventura intelectual de la humanidad. Falleció en 1974 en Nueva York, dejando un legado multidisciplinar que sigue inspirando a generaciones de lectores y espectadores.
“El ascenso del hombre” es mucho más que un libro de divulgación científica: es una epopeya intelectual y un canto apasionado a la creatividad y la dignidad humanas. Concebido originalmente como una serie documental para la BBC, el libro recorre en trece capítulos la historia de la humanidad desde la prehistoria hasta la era moderna, siguiendo el hilo conductor del desarrollo científico, tecnológico y artístico. Bronowski invita al lector a un viaje fascinante a través de los grandes hitos de la civilización: el dominio del fuego, la invención de la agricultura, el nacimiento de la escritura, los primeros cálculos matemáticos, la arquitectura de las catedrales, la revolución científica, el arte renacentista, la física moderna y la biología evolutiva. Cada etapa es presentada no como un simple avance técnico, sino como una expresión de la capacidad humana para imaginar, experimentar y transformar el mundo.
La obra destaca por su enfoque integrador: Bronowski rechaza la vieja dicotomía entre ciencia y arte, defendiendo que ambas son manifestaciones complementarias del ingenio humano. Con una prosa vibrante y didáctica, el autor muestra cómo los grandes descubrimientos científicos han ido de la mano de revoluciones culturales y filosóficas, y cómo la creatividad y la empatía han sido tan decisivas para el progreso como la razón y el método. “El ascenso del hombre” es, en este sentido, una defensa apasionada del humanismo y la libertad intelectual. Bronowski no oculta las sombras de la historia: dedica páginas memorables a los peligros del dogmatismo, la intolerancia y el uso destructivo de la ciencia, especialmente tras su experiencia en Hiroshima y Nagasaki. Pero su mensaje es, ante todo, optimista: la historia del hombre es la historia de su capacidad para aprender, corregir errores y reinventarse.
Uno de los grandes logros del libro es su capacidad para hacer accesibles conceptos complejos sin perder profundidad ni rigor. Bronowski recurre a ejemplos visuales, analogías y relatos históricos que convierten la lectura en una experiencia envolvente y estimulante. El lector se siente transportado a las cavernas de Altamira, a los templos de Babilonia, a los laboratorios de Galileo o a las trincheras de la ciencia moderna, siempre guiado por la voz cálida y entusiasta del autor. La obra es también una invitación a la humildad: Bronowski insiste en que el conocimiento es siempre provisional, que la ciencia avanza por ensayo y error, y que la duda es el motor del progreso.
Entre las citas más memorables del libro, destaca: “La especie humana no se clasifica en pensadores y sentidores, y no sobreviviría por mucho tiempo a esa división.” Esta frase resume la visión integradora de Bronowski, para quien la razón y la emoción, la ciencia y el arte, forman un todo inseparable en la experiencia humana. Otra cita esencial es: “El conocimiento es una aventura que nunca termina.” Aquí se expresa el optimismo epistemológico del autor, su fe en la capacidad humana para explorar lo desconocido y reinventarse a cada paso. Finalmente, una de las reflexiones más profundas: “La ciencia es una forma de humildad, porque nos enseña que ninguna verdad es definitiva y que el error es parte del camino.” Bronowski invita así a abrazar la incertidumbre como una virtud, no como una amenaza.
“El ascenso del hombre” es, en suma, un libro imprescindible para quienes buscan entender la historia de la civilización desde una perspectiva amplia, apasionada y profundamente humana. Su mayor mérito reside en mostrar que el progreso no es solo una cuestión de tecnología o poder, sino de imaginación, empatía y responsabilidad. Bronowski nos recuerda que el verdadero ascenso del hombre reside en su capacidad para soñar, crear y aprender de sus propios errores, y que solo una cultura que valore la libertad, la curiosidad y la diversidad podrá afrontar los desafíos del futuro. Leer este libro es embarcarse en una aventura intelectual que transforma la mirada sobre el mundo y sobre uno mismo.
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