viernes, 11 de septiembre de 2026

DELITOS FISCALES DE LOS FAMOSOS ( DE LOLA FLORES A IÑAKI URDANGARIN), por FRANCISCO JAVIER MARTÍNEZ HORNERO

  




DELITOS FISCALES DE LOS FAMOSOS ( DE LOLA FLORES A IÑAKI URDANGARIN), por FRANCISCO JAVIER MARTÍNEZ HORNERO



 La justicia ante el espejo de la fama

Hay libros que se acercan al derecho penal con la solemnidad del tratado académico y otros que lo hacen con la curiosidad del cronista que observa cómo la ley se aplica —o deja de aplicarse— cuando el acusado tiene un nombre que todos reconocen. "Delitos fiscales de los famosos. De Lola Flores a Iñaki Urdangarin", de Francisco Javier Martínez Hornero, pertenece a esta segunda estirpe, aunque sin renunciar al rigor técnico que la materia exige. El volumen expone y analiza diez causas penales relacionadas con delitos fiscales protagonizadas por personajes de notoriedad pública, visualizando en cada una de ellas los elementos esenciales del tipo penal, el desarrollo del proceso y la conclusión judicial alcanzada. Pero no se limita a narrar lo que ocurrió: ofrece también una valoración y aporta elementos de juicio para que el lector pueda formarse la suya propia. En un país donde los casos de fraude fiscal de celebridades han ocupado durante décadas portadas, tertulias y conversaciones de sobremesa, este libro propone algo infrecuente: sustituir el ruido mediático por el análisis sereno, y la opinión visceral por la comprensión técnica.

La premisa que vertebra la obra es tan sencilla como incómoda: la notoriedad del acusado altera, de un modo u otro, la percepción pública del delito y, en ocasiones, la propia respuesta judicial. Martínez Hornero lo plantea con una honestidad que se agradece: si el lector llega a compartir la percepción de una conclusión punitiva excedida, puede preguntarse por qué ocurrió eso, y la respuesta quizá sea que, en ese caso concreto, la notoriedad perjudicó al famoso autor de los hechos enjuiciados. En otros supuestos, por el contrario, hay una reacción débil, que tiene una explicación en parte visible y en parte no. Esa tensión entre el derecho penal estricto y la presión social que rodea a los personajes públicos constituye el conflicto central que recorre las diez causas analizadas.

El libro arranca, necesariamente, con Lola Flores, a quien el autor califica como el primer caso mediático. Los delitos fueron cometidos entre 1983 y 1986 y condenados de forma firme por sentencia del Tribunal Supremo de 27 de diciembre de 1990. Lo que hace singular este caso no es tanto la cuantía defraudada como su efecto colateral: la condena produjo un extraordinario y notable incremento de la recaudación de IRPF en el periodo de declaración voluntaria inmediatamente posterior al conocimiento público del procesamiento. La cantante, extraordinariamente popular, fue la primera, y eso bastó para que su nombre quedara grabado en la memoria colectiva como sinónimo de delito fiscal. Martínez Hornero, sin embargo, señala que los fundamentos de condena presentan, a su juicio, serias fisuras de consistencia.

El segundo caso es el de Luis Roldán, cuya naturaleza es completamente distinta. Aquí el delito fiscal es el último eslabón de unos delitos precedentes —malversación de caudales públicos, estafa y cohecho—, con los que el autor obtuvo rentas próximas a 1.700 millones de pesetas, más de diez millones de euros, que ocultó y por las que no tributó. La defensa alegó que exigirle declarar esas rentas era tanto como obligarle a autoinculparse, pero el tribunal resolvió que el hecho imponible del IRPF es la obtención de rentas y que la posterior privación de esos fondos no excluye la obligación tributaria. Conectado con este caso aparece el de Gabriel Urralburu, a quien la prensa denominó la "rama navarra" del entramado de Roldán, condenado igualmente por delitos de cohecho cuya ocultación fiscal se enjuició de forma paralela.

El cuarto caso es el de Leo Messi, condenado por tres delitos contra la Hacienda Pública correspondientes al IRPF de 2007, 2008 y 2009, con cuantías defraudadas de algo más de un millón de euros en cada ejercicio. La maniobra consistió en ocultar los ingresos por la explotación de sus derechos de imagen mediante una compleja estructura societaria simulada. Su padre, Jorge Horacio Messi, fue condenado como cooperador necesario, al haber gestionado y dirigido las negociaciones en la creación del entramado cuando el jugador era aún menor de edad. El tribunal consideró que la consecución de los hechos fue más sencilla gracias a la actuación paterna.

El quinto caso, el de Cristiano Ronaldo, presenta extraordinarios puntos de conexión con el anterior pero también diferencias significativas. Cuatro delitos contra la Hacienda Pública, uno por cada periodo impositivo entre 2011 y 2014, con cuotas que van desde los 568.000 euros de 2014 hasta los 2,6 millones de 2013. La actuación era más clara y menos rebuscada que la de Messi, con un soporte legal más próximo. Martínez Hornero distingue aquí entre lo escrito y lo no escrito: lo escrito es el acuerdo de conformidad recogido en la sentencia, un contenido técnico que califica de débil y de poca enjundia; lo no escrito es lo que necesariamente hubo antes de la firma. El autor sostiene que con lo escrito no se llega a una fundamentación de hechos constitutivos de delito contra la Hacienda Pública de ningún tipo, y se pregunta por qué se formuló acusación y por qué el jugador dio conformidad. La pena de veinticuatro meses fue sustituida conforme al artículo 88 del Código Penal.

El sexto caso se aparta del mundo del deporte y el espectáculo para adentrarse en el de las grandes firmas profesionales: Price Waterhouse Coopers. Cuatro exsocios —Fernández Pinedo, Tajadura, Cruz Amorós y otro— fueron condenados por delitos fiscales relacionados con la venta de una división a IBM en 2002, tras pactar con la Fiscalía penas de entre tres y seis meses y una multa de 38 millones de euros, desembolsada íntegramente por la propia firma. El séptimo caso, el de Emilio Cuatrecasas, tiene varias cosas en común con el anterior pero también suficientes diferencias como para merecer tratamiento autónomo.

Montserrat Caballé ocupa el octavo lugar, seguida del noveno caso, el de Demetrio Carceller, que el autor considera especialmente revelador de los males del delito fiscal tanto en su comisión como en su solución. Demetrio Carceller Coll, empresario y financiero vinculado a la cervecera Damm, fue condenado como autor de trece delitos fiscales; su hijo, Demetrio Carceller Arce, actual presidente de la compañía, como cooperador necesario en cuatro de ellos. El pacto con la Fiscalía supuso el pago de 92 millones de euros a cambio de no pisar la cárcel. El origen de la fortuna se remonta al abuelo, Demetrio Carceller, ministro de Franco. El autor subraya la desproporción: trece delitos frente a los dos de Urdangarin, con una defraudación media por delito enormemente superior, y sin embargo una respuesta punitiva que, en términos comparativos, resulta más benigna.

El décimo y último caso es el de Iñaki Urdangarin, condenado por dos delitos fiscales con un total defraudado de 326.925 euros, es decir, 163.462 euros por cada delito. La pena privativa fue de doce meses por delito y la multa del 156 por ciento de lo defraudado. Martínez Hornero señala que los fundamentos de condena presentan, a su juicio, serias fisuras, y la comparación con el caso Carceller resulta, en sus propias palabras, ilustrativa de la desproporción: trece delitos frente a dos, con cuantías incomparablemente mayores, y sin embargo una reacción punitiva que en el caso del empresario resulta más atenuada.

Lo que más distingue a esta obra de otros libros sobre delitos económicos es su doble vocación: técnica y divulgativa. Martínez Hornero explica con detalle conceptos como las leyes penales en blanco, la compatibilidad entre cohecho y delito fiscal, la atenuante de reparación del daño causado o la diferencia entre autoría, inducción y cooperación necesaria, pero lo hace con un lenguaje plenamente entendible por cualquier persona, sin necesidad de formación específica en materia tributaria y penal. El autor confiesa que no es un relato de buenos y malos, ni una exaltación o victimización de los encausados. Es, simplemente, una exposición rigurosa que deja al lector los elementos para juzgar.

Francisco Javier Martínez Hornero escribe desde la experiencia directa del derecho penal tributario. Su conocimiento de los mecanismos procesales, de la doctrina jurisprudencial y de las particularidades del delito fiscal se advierte en cada página. En otra obra suya anterior, dedicada a las luces y sombras de la Inspección de Hacienda, ya abordó los problemas de la regulación y tributación de los derechos de imagen de los deportistas profesionales, un tema que aquí reaparece con fuerza. Su mirada no es la del académico distante sino la del profesional que ha visto funcionar el sistema desde dentro y que percibe sus irregularidades.

El libro encontrará su lector natural en el ciudadano interesado por la actualidad judicial que desee ir más allá del titular y comprender qué hay detrás de una conformidad, de una sentencia absolutoria o de una condena que parece desproporcionada. Pero también resultará útil para estudiantes de derecho, abogados en formación y profesionales del periodismo judicial. Su mayor virtud es la honestidad intelectual con la que Martínez Hornero señala las zonas grises: tres de los diez casos presentan, en su opinión, fundamentos de condena con serias fisuras; en otros, la reacción punitiva fue débil para hechos muy graves, y a la inversa. Esa disposición a reconocer que la justicia no es una máquina perfecta sino un artefacto humano sujeto a presiones, sesgos y negociaciones invisibles convierte el libro en algo más que un catálogo de sentencias. Es una reflexión sobre los límites del derecho penal en una sociedad obsesionada con la fama, donde la pena de banquillo —o, como dice el autor, la pena de telediario— pesa tanto o más que la prevista en el Código Penal. Y es, en definitiva, un recordatorio de que entender la justicia es siempre el primer paso para exigir que sea mejor.


 

ADOLFO SUÁREZ ( UNA TRAGEDIA GRIEGA ), por JOSÉ GARCIA ABAD

 


 


ADOLFO SUÁREZ ( UNA TRAGEDIA GRIEGA ), por JOSÉ GARCIA ABAD



El héroe que no sabía que era héroe
Hay biografías que se construyen como cronologías minuciosas, año tras año, documento tras documento, hasta que el retratado queda reducido a una sucesión de fechas y cargos. Y hay otras que operan como una radiografía: no buscan la superficie del hueso sino su estructura interna, no pretenden contar todo lo que pasó sino comprender qué sostuvo en pie a quien lo protagonizó. "Adolfo Suárez (Una tragedia griega)", de José García Abad, pertenece con orgullo a esta segunda estirpe. Publicado por La Esfera de los Libros, el volumen se propone algo más difícil y más arriesgado que una biografía convencional: desentrañar la columna vertebral del hombre que condujo a España desde la dictadura franquista hasta la democracia sin que apenas nadie, ni siquiera él mismo, supiera del todo cómo lo estaba haciendo. García Abad lo dice desde el prefacio: no aplica la técnica clásica de seguir año a año la peripecia del personaje, sino que se decide por la mirada del radiólogo y del biólogo, con la esperanza de vislumbrar el ADN de un espíritu que resulta, a la postre, tan contradictorio como fascinante.
La premisa del libro es tan sencilla como ambiciosa: entender a Adolfo Suárez no como una suma de decisiones políticas encadenadas, sino como un enigma humano. ¿Cómo es posible que un hombre de formación académica modesta, sin título universitario, sin brillo intelectual aparente, sin una cultura libresca que lo respaldara, lograra lo que parecía imposible: desmontar un régimen autoritario desde dentro, legalizar el Partido Comunista, convocar elecciones libres y redactar una Constitución en apenas cuatro años? La respuesta que García Abad ofrece no es una tesis cerrada sino una exploración abierta, construida a partir de quienes disfrutaron de la intimidad de Suárez: la familia, los amigos de verdad, esas pocas amistades ajenas a la política que lo conocieron antes y después del poder. A través de sus testimonios, el libro dibuja a un hombre rudo, de cultura limitada en apariencia, pero dotado de una intuición formidable, una capacidad extraordinaria para absorber y sintetizar ideas, una cabeza bien ordenada, un sólido sentido común y una dedicación inhumana al trabajo. No destaca por su brillantez ni por su técnica, advierte García Abad, pero tiene algo que vale más que la ciencia: un don para hipnotizar, un magnetismo personal que desarma a propios y extraños.
El conflicto central que recorre el libro es el de la soledad del poder y la erosión que ejerce sobre quien lo detenta. Suárez comienza su trayectoria como un joven ambicioso que se hace a sí mismo desde abajo, que aprende los procedimientos de cualquier político ambicioso —los mismos que usan todos, recuerda García Abad— y que llega a la presidencia del Gobierno en 1976 como una apuesta del rey Juan Carlos y de las élites reformistas. Pero el poder lo transforma. El libro presta atención a esa metamorfosis, a cómo el ejercicio incesante del mando, la presión de los enemigos internos, el acoso de la prensa y la hostilidad de quienes no perdonan su audacia van moldeando y finalmente desgastando al hombre. Suárez pide en algún momento un límite al acoso, tanto por parte de los políticos como de los periodistas, y sus palabras tienen el peso de quien sabe que la descalificación global, la visceralidad y el ataque personal perjudican el normal funcionamiento de las instituciones democráticas. Es una súplica que el libro recoge sin dramatismo pero con una gravedad que resuena a lo largo de sus páginas.
Lo que más distingue a "Adolfo Suárez (Una tragedia griega)" de otras aproximaciones al personaje es su negativa a reducirlo a una hagiografía o a un ajuste de cuentas. García Abad reconoce en el último capítulo que el problema no es detectar los ingredientes del precipitado —valor, ambición, oportunismo, coherencia—, sino señalar la proporción de cada uno de ellos, su correcta ponderación. Y su opinión, expuesta con franqueza, es que no hay que magnificar las triquiñuelas de Suárez, que le pintarían de pícaro, pues no hizo más que valerse de los procedimientos de cualquier político ambicioso. Estima que resulta más adecuado reconocer dos secuencias en su trayectoria, dos tiempos distintos que requieren lecturas distintas. Esa voluntad de matiz, esa resistencia a la caricatura, confiere al libro una honestidad intelectual que lo separa tanto del panegírico como del libelo.
El estilo de García Abad es el de un periodista veterano que sabe que la información no basta si no está acompañada de una interpretación. Escribe con fluidez, con un tono que combina el rigor documental con la cercanía del testimonio oral, y no oculta su admiración por el personaje sin por ello renunciar a la distancia crítica. El libro incorpora voces diversas: colaboradores, fontaneros, enemigos del alma, como los llama uno de sus capítulos. Aparecen figuras como Sáenz de Santa María, el general que cambió de bando; María Antonia Iglesias y su memoria recuperada; Pedro J. Ramírez con su desquite; Graciano Palomo y su túnel; Fernando González Urbaneja, Alfonso Guerra, José María de Areilza, Josep Meliá, Francisco Umbral, Miguel Herrero de Miñón. Cada uno aporta un fragmento del mosaico, una arista del poliedro, y García Abad los orquesta sin imponer una lectura única, dejando que las contradicciones permanezcan visibles, que el lector sea quien juzgue.
El título del libro, "Una tragedia griega", no es un adorno retórico. Encierra una tesis: la de que Suárez, como los héroes trágicos, posee una grandeza que lo eleva por encima de sus circunstancias y una fragilidad que lo condena. Su grandeza es la intuición, el coraje, la capacidad de decidir cuando nadie más se atreve. Su fragilidad es la soledad, la incomprensión, el desgaste de quien gobierna contra todos y a favor de todos al mismo tiempo. Como en la tragedia griega, hay un destino que parece escrito de antemano: el hombre que hizo posible la democracia termina devorado por ella, por los partidos que él mismo creó, por los adversarios que no le perdonan haber sido quien fue. García Abad no subraya esta analogía con pesadez académica, pero la deja flotando sobre el relato como una clave de lectura que el lector puede seguir o no.
José García Abad es un periodista político de larga trayectoria que comenzó su actividad profesional precisamente escribiendo sobre Suárez, incluso con un libro de circunstancias dedicado al personaje. Esa cercanía inicial, esa mirada forjada en la proximidad del poder y en la observación directa de los protagonistas de la Transición, le confiere una autoridad que no se improvisa. El libro está dedicado a Carmen Arredondo, su mujer, y a los compañeros de los semanarios El Siglo y El Nuevo Lunes, lo que revela una biografía ligada al periodismo político de la época. García Abad reconoce en el prefacio que los errores que hayan podido deslizarse son de su exclusiva responsabilidad, y pide disculpas anticipadas a los lectores y a quienes pudieran sentirse afectados. Esa humildad, esa conciencia de los límites propios, atraviesa el libro y lo hace más creíble.
El volumen encontrará su lector natural en quien se interese por la historia reciente de España, por la Transición como proceso político y humano, y por la figura de Suárez como encarnación de una época irrepetible. Pero también gustará a quienes buscan algo más que datos: una reflexión sobre la naturaleza del poder, sobre cómo transforma a quien lo ejerce, sobre la distancia entre la imagen pública y la intimidad de un hombre. Sus mayores virtudes son la honestidad del enfoque, la riqueza de las voces convocadas, la resistencia a la simplificación y la capacidad de García Abad para convertir una biografía política en algo que se lee casi como una novela: con la tensión de quien sabe que el desenlace está escrito pero no puede evitar seguir pasando páginas. "Adolfo Suárez (Una tragedia griega)" es, en definitiva, el retrato de un hombre que no se sabía héroe y que pagó un precio altísimo por serlo, y el recordatorio de que la democracia española no fue un regalo sino una conquista, frágil y arriesgada, que un autodidacta con una intuición prodigiosa supo llevar a término contra todos los pronósticos.




LA INQUIETUD POR LA VERDAD. ESCRITOS SOBRE SEXUALIDAD Y EL SUJETO, por MICHEL FOUCAULT

  



LA INQUIETUD POR LA VERDAD. ESCRITOS SOBRE SEXUALIDAD Y EL SUJETO, por MICHEL FOUCAULT


La inquietud que no cesa: Foucault y los caminos del sujeto

Pocos pensadores del siglo XX han conseguido que una pregunta aparentemente sencilla —qué somos— se convierta en un temblor que recorre toda la historia occidental. Michel Foucault lo logró, y lo hizo además en el tramo final de su vida, cuando ya enfermo y con la urgencia de quien sabe que el tiempo se agota, decidió regresar a los griegos y a los primeros cristianos para entender cómo el ser humano aprendió a reconocerse como sujeto de deseo. "La inquietud por la verdad. Escritos sobre sexualidad y el sujeto", editado por Edgardo Castro y publicado por Siglo Veintiuno Editores, reúne diez textos dispersos —entrevistas, conferencias, artículos y prefacios— que abarcan desde 1978 hasta 1984 y permiten asistir, casi en tiempo real, a la transformación más profunda del pensamiento foucaultiano: el paso del análisis del poder y la represión a la exploración de las técnicas mediante las cuales el individuo se constituye a sí mismo como agente ético.
El volumen se organiza en dos grandes bloques. El primero, dedicado a la sexualidad, recoge conversaciones en las que Foucault explica la génesis y los sucesivos giros de su "Historia de la sexualidad", ese proyecto que comenzó como una crítica a la hipótesis represiva y terminó sumergiéndose en los textos de Séneca, Plutarco, Epicteto y los primeros padres de la Iglesia. El lector asiste aquí al Foucault que confiesa que la sexualidad, en sí misma, le resulta aburrida, y que lo que verdaderamente le fascina son las técnicas de sí, los modos en que una cultura inventa formas de relación con uno mismo. El segundo bloque, centrado en el sujeto, incluye una emotiva necrológica del historiador Philippe Ariès, una entrevista donde Foucault resume su trayectoria intelectual como una serie de ontologías históricas de nosotros mismos, y una conferencia sobre las tecnologías políticas del individuo que enlaza la genealogía del poder pastoral con la gubernamentalidad moderna.
Lo que vertebra estos textos es un conflicto intelectual de primer orden. Foucault había construido una obra monumental demostrando que el poder no reprime sino que produce, que el saber no libera sino que implica relaciones de dominio, que las instituciones disciplinarias fabrican sujetos dóciles. Sin embargo, hacia 1978, esa arquitectura analítica le resulta insuficiente. En las entrevistas recogidas aquí lo dice con una franqueza desarmante: necesita comprender cómo el individuo se vincula a su propia verdad, cómo se reconoce como sujeto de deseo, cómo se gobierna a sí mismo. La pregunta que lo obsesiona es por qué Occidente convirtió el sexo en un asunto de verdad, por qué la confesión se transformó en el procedimiento privilegiado para arrancar al sujeto su secreto más íntimo, y por qué esa hermenéutica de sí, nacida en las prácticas monásticas cristianas, terminó colonizando la psicología, la medicina y la vida cotidiana contemporánea.
Para responder, Foucault emprende un viaje hacia atrás que lo lleva a la Grecia clásica y al mundo grecorromano. Allí descubre que los griegos no tenían una ars erotica comparable a la china, sino una techne tou biou, un arte de vivir en el que la economía del placer ocupaba un lugar importante pero subordinado al dominio de sí. La moral griega no era un código de prohibiciones impuesto a todos, sino una elección estética reservada a una élite que aspiraba a hacer de su existencia una obra bella. No había normalización, no había pastoral, no había confesión. Había, en cambio, ejercicios, dietas, economías del placer, cuidado de sí. El cristianismo, argumenta Foucault, transformó esa techne en una hermenéutica de la sospecha: ya no se trataba de gobernarse para vivir bellamente, sino de descifrarse para renunciar a sí mismo, de confesarse para obedecer. Esa inversión, sostiene, es la que todavía estructura nuestra relación con el deseo, la identidad y la verdad.
Lo más destacado del libro reside en su carácter de taller abierto. No estamos ante un tratado cerrado ni ante una exposición sistemática, sino ante un pensamiento en movimiento, que duda, se corrige, rectifica y avanza ante los ojos del lector. Foucault reconoce errores en "La voluntad de saber", admite que su noción de ars erotica era imprecisa, confiesa que el segundo volumen de su "Historia de la sexualidad" pasó por tres redacciones sucesivas antes de encontrar su forma definitiva. Esa vulnerabilidad intelectual, rara en un pensador de su envergadura, confiere a estos textos una cercanía y una calidez que los distinguen de sus grandes libros. Las entrevistas, en particular, permiten escuchar a un Foucault que ríe, que se contradice, que afirma con vehemencia que no busca una solución de recambio en los griegos, que no propone un retorno a la Antigüedad, sino una genealogía de los problemas, una cartografía de las opciones que hemos descartado y que, por tanto, podrían haber sido otras.
El estilo del libro oscila entre la precisión conceptual del filósofo y la espontaneidad del conversador. En las entrevistas con Duccio Trombadori, Foucault rememora su formación intelectual, el impacto de Nietzsche, Bataille y Blanchot, su breve paso por el Partido Comunista, su experiencia en Túnez durante las revueltas estudiantiles de 1968, su trabajo con presos a través del Grupo de Información sobre las Prisiones. En las conversaciones sobre homosexualidad, se muestra provocador y lúcido: desmonta la idea de que los griegos toleraban la homosexualidad, explica que la abundancia de textos sobre el amor a los muchachos es prueba de que esa relación les planteaba un problema, no de que la aceptaran con naturalidad. Y propone, con una audacia que aún hoy conserva su filo, que ser gay no es una identidad sino un devenir, una manera de inventar formas de relación que desborden las instituciones empobrecedoras del matrimonio y la familia.
Michel Foucault nació en Poitiers en 1926 y murió en París en 1984, a los cincuenta y siete años, cuando aún trabajaba en el cuarto volumen de su "Historia de la sexualidad", dedicado a las confesiones de la carne. Profesor en el Collège de France desde 1970, donde ocupó la cátedra de Historia de los sistemas de pensamiento, construyó una obra que atravesó la locura, la clínica, el lenguaje, la prisión, el poder, la biopolítica y, finalmente, la ética. Sus libros mayores —"Historia de la locura", "Vigilar y castigar", "La voluntad de saber", "El uso de los placeres", "La inquietud de sí"— son hitos del pensamiento contemporáneo, pero son estos textos menores, dispersos, conversacionales, los que mejor revelan la trama viva de su reflexión, las dudas que los grandes libros ocultan, las motivaciones personales que los alimentan. Edgardo Castro, en sus dos introducciones, contextualiza con rigor estos escritos y los sitúa en la serie de los "Fragmentos foucaultianos", un proyecto editorial que busca devolver al lector hispanohablante materiales que la selección canónica había dejado fuera.
Este libro gustará a quienes buscan al Foucault de carne y hueso, al pensador que duda y se desdice, al intelectual que confiesa su deuda con Nietzsche y su distancia respecto a Sartre, al militante que desconfía de los profetas y de los legisladores. Gustará también a quienes se interesan por la historia de la sexualidad no como catálogo de prohibiciones sino como invención de formas de vida, y a quienes sospechan que la identidad, lejos de ser una esencia que hay que descubrir, es una tarea que hay que crear. Su mayor virtud es la honestidad: aquí no hay sistema, no hay certeza, no hay magisterio. Hay un hombre que piensa en voz alta, que se equivoca y lo admite, que cambia de rumbo y explica por qué, y que nos lega, con su inquietud incesante por la verdad, la invitación más exigente y más libre que un pensador puede hacer: la de atrevernos a pensar de otra manera.




2019 CIENCIA, Y UN GRAN PASO PARA LA HUMANIDAD !!!, por ANA S. CASALVILLA DUEÑAS y QUINTIN GARRIDO GARRIDO

  


2019 CIENCIA, Y UN GRAN PASO PARA LA HUMANIDAD !!!, por ANA S. CASALVILLA DUEÑAS y QUINTIN GARRIDO GARRIDO


Un atlas de asombros: la ciencia contada por quienes la hacen
Hay libros de divulgación científica que funcionan como ventanas: uno se asoma y contempla un paisaje que otros han recorrido antes. Pero hay otros que son algo más raro y más valioso, libros que funcionan como puertas abiertas de par en par, donde quien explica lo que sabe es la misma persona que lo investiga cada mañana en un laboratorio, en un acelerador de partículas, en un quirófano o en la cubierta de un buque oceanográfico. "Ciencia, y un gran paso para la humanidad", coordinado por Ana S. Casalvilla Dueñas y Quintín Garrido Garrido, pertenece a esta segunda categoría. Publicado en 2019, cuando se cumplían cincuenta años de la llegada del ser humano a la Luna y se celebraba el Año Internacional de la Tabla Periódica, el volumen reúne a casi doscientos científicos españoles que, de forma completamente altruista, han escrito sobre los avances que han transformado —y transformarán— nuestra comprensión del mundo. El resultado es una obra coral, gratuita en su edición digital, que se lee como un viaje continuo desde las intuiciones de Demócrito hasta los ordenadores cuánticos, desde las vacunas del siglo XVIII hasta la edición genética del siglo XXI.
La premisa del libro es tan sencilla como ambiciosa: reunir en un solo volumen los grandes pasos que la ciencia ha dado a lo largo de la historia y los que está a punto de dar. Para ello, la obra se organiza en dos grandes bloques narrativos. El primero, titulado "Fueron grandes pasos", recorre los hitos ya consolidados: la conquista de la Luna, la construcción de la tabla periódica, la invención de los números, el descubrimiento de los rayos X, la teoría de la evolución de Darwin, el cálculo infinitesimal de Newton y Leibniz, la electroquímica, las vacunas, el electromagnetismo, los albores de la astronáutica, la meteorología, la neurociencia fundacional de Santiago Ramón y Cajal, la gravitación y el desciframiento del genoma humano. El segundo bloque, "Serán grandes pasos", se adentra en el territorio de lo que aún está por venir: la inteligencia artificial, la búsqueda de vida extraterrestre, la naturaleza cuántica de la gravedad, el Gran Colisionador de Hadrones, la medicina personalizada, la computación cuántica, la energía nuclear de fusión, la nanotecnología aplicada a la salud, la detección de ondas gravitatorias, la física más allá del Modelo Estándar, la biomatemática, la relación entre la microbiota intestinal y el cerebro, y la exploración espacial del Sistema Solar.
Cada capítulo está escrito por un especialista en activo, alguien que trabaja cotidianamente en el campo que describe. El lector no encuentra aquí resúmenes enciclopédicos ni paráfrasis de manuales, sino relatos en primera persona de quienes dedican su vida a empujar las fronteras del conocimiento. El astronauta Michael López-Alegría, de origen español y con varios paseos espaciales a sus espaldas, firma el prólogo y establece el tono: la ciencia es un anhelo humano tan antiguo como la curiosidad misma, y quienes la practican son traductores que convierten los dialectos de cada disciplina en un lenguaje comprensible para todos. Esa vocación de traducción atraviesa cada una de las páginas del libro.
Lo que más distingue a esta obra de otras antologías de divulgación es su carácter genuinamente colectivo y desinteresado. No hay aquí una sola voz autoral que imponga un punto de vista, sino un mosaico de perspectivas, estilos y temperamentos. Un físico de partículas explica el Modelo Estándar con la misma pasión con que una neurocientífica describe cómo las bacterias del intestino dialogan con el cerebro, o con que un matemático desentraña la historia de los números desde las muescas en huesos prehistóricos hasta los algoritmos cuánticos. Esa diversidad de registros impide que el libro se vuelva monótono. Hay capítulos más técnicos y otros más narrativos, algunos cargados de anécdotas históricas y otros orientados hacia el futuro más especulativo, pero todos comparten una voluntad de claridad y una honestidad intelectual que se agradece.
El ritmo del libro es el de una conversación larga y variada. Los capítulos sobre historia de la ciencia —la tabla periódica, el electromagnetismo, las vacunas— tienen un tono casi novelado, poblado de personajes excéntricos, rivalidades académicas y descubrimientos accidentales. Los capítulos sobre ciencia de frontera —la computación cuántica, las ondas gravitatorias, la exploración espacial— adoptan un tono más especulativo, casi de ciencia ficción bien documentada, donde el lector intuye que está asistiendo al borrador de un futuro que se está escribiendo en tiempo real. La transición entre ambas mitades del libro funciona como un bisagra narrativa: el pasado no se presenta como un archivo cerrado, sino como el trampolín desde el que se lanzan las preguntas que aún no tienen respuesta.
En cuanto a los coordinadores, Ana S. Casalvilla Dueñas y Quintín Garrido Garrido han ejercido una labor de arquitectura invisible pero esencial. En la presentación del volumen explican que la idea surgió de forma casi doméstica, durante la construcción de una maqueta del cohete Saturno V, y que el objetivo era tener el libro listo antes del aniversario de la llegada a la Luna. El resultado trasciende con creces esa motivación inicial. Casalvilla y Garrido han conseguido que investigadores de instituciones muy diversas —el CSIC, universidades españolas, el CERN, la NASA, laboratorios internacionales— escriban con un mismo espíritu: hacer accesible lo complejo sin simplificarlo, transmitir entusiasmo sin caer en la hipérbole, reconocer lo que no se sabe con la misma naturalidad con que se expone lo que sí se conoce.
El libro encontrará su lector natural en cualquier persona con curiosidad científica que busque una panorámica amplia y rigurosa sin tener que recurrir a textos académicos. Pero también resultará valioso para estudiantes de ciencias que deseen entender el contexto histórico y humano de su disciplina, para profesores que necesiten material divulgativo de calidad, y para quienes simplemente disfrutan leyendo sobre cómo se construye el conocimiento. No es un libro para leer de una sentada, sino para recorrer a tramos, deteniéndose en los capítulos que la curiosidad dicta, saltando de la tabla periódica a la inteligencia artificial, de Darwin a la exploración espacial, con la certeza de que cada parada ofrecerá una perspectiva nueva.
Sus mayores virtudes son tres. La primera es la autenticidad: quien escribe es quien investiga, y eso se nota en la precisión de los datos y en la calidez del relato. La segunda es la amplitud: pocos libros de divulgación abarcan simultáneamente la historia de los números, la física de partículas, la neurociencia, la energía nuclear y la exploración espacial sin perder coherencia. La tercera es la generosidad: un libro gratuito, escrito por altruismo, que confía en que el conocimiento compartido es la mejor forma de multiplicarlo. En un tiempo saturado de información fragmentaria y superficial, "Ciencia, y un gran paso para la humanidad" recuerda que la divulgación bien hecha es, en sí misma, un acto de resistencia intelectual y de servicio público. Un pequeño paso para cada autor que ha contribuido, pero un gran paso para cualquiera que abra sus páginas con la disposición de asombrarse.



EUROPA CONTRA EUROPA ( 1914-1945), por JULIÁN CASANOVA

  



EUROPA CONTRA EUROPA ( 1914-1945), por JULIÁN CASANOVA



El continente que se devoró a sí mismo

Hay libros de historia que ordenan el pasado como quien clasifica fichas en un archivo, y otros que lo arrojan sobre la mesa del lector como un mazazo de imágenes, fechas y voces que obligan a mirar de frente lo que durante décadas se ha preferido contemplar desde la distancia prudente del manual escolar. "Europa contra Europa (1914-1945)", del historiador Julián Casanova, pertenece sin duda a esta segunda estirpe. Publicado originalmente en 2011 y nacido de la experiencia docente del autor en universidades como Notre Dame y la New School for Social Research de Nueva York, el libro propone un recorrido por las tres décadas que transformaron el continente europeo en un escenario de guerras, revoluciones, dictaduras y exterminio, un periodo que Casanova denomina, siguiendo la estela de Arno J. Mayer, una auténtica "guerra de treinta años". No se trata, sin embargo, de una crónica militar ni de un catálogo de tratados y conferencias, sino de una historia que entrelaza la política, la sociedad, la cultura y la violencia para explicar cómo una civilización que se preciaba de ser la cuna del progreso y la razón acabó engendrando los sistemas más destructivos que la humanidad ha conocido.
El libro arranca con una imagen de poderosa simetría: el suicidio de Adolf Hitler en su búnker berlinés el 30 de abril de 1945 y el asesinato del zar Nicolás II y su familia en Ekaterimburgo el 17 de julio de 1918. Entre ambas muertes median apenas veintisiete años, un lapso en el que Europa pasó del viejo orden monárquico e imperial a la era de las masas, los partidos únicos y los líderes carismáticos. Casanova sitúa en la Primera Guerra Mundial la auténtica línea divisoria del siglo XX europeo, la ruptura traumática con un mundo dominado por la diplomacia, la nobleza terrateniente y las monarquías hereditarias. De aquella contienda surgieron el comunismo y el fascismo, dos fuerzas que se convirtieron primero en alternativas y después en polos de atracción para intelectuales, vehículos para la política de masas y viveros de nuevos líderes que, surgidos de la nada, propusieron rupturas radicales con el pasado. La destrucción y los millones de muertos, los cambios de fronteras, el impacto de la Revolución Rusa y los problemas de adaptación de millones de excombatientes están, según el autor, en el origen de la violencia y de la cultura del enfrentamiento que se instalaron en las sociedades de aquel convulso periodo.
La estructura del libro huye deliberadamente de la linealidad cronológica estricta para organizar el relato en torno a grandes procesos y protagonistas. El segundo capítulo, titulado con la elocuente expresión "La venganza de los siervos", se adentra en la Rusia zarista, una sociedad campesina donde el ochenta por ciento de la población vivía aislada de la estructura política, y narra cómo la guerra, el hambre y la crisis de autoridad desembocaron en la abdicación del zar, el Gobierno provisional de Kerenski y la conquista del poder por los bolcheviques en octubre de 1917. Casanova no idealiza la revolución ni la reduce a un golpe de Estado, pero tampoco oculta que del sueño emancipador se pasó con rapidez a la pesadilla del terror, la Checa, los campos de concentración y la edificación de un Estado de partido único. La guerra civil rusa, con sus diez millones de muertos entre combate, hambre y enfermedad, y el terror blanco y rojo que la acompañó, constituyen el laboratorio donde se ensayaron las formas de violencia política que después se extenderían por el continente.
El fascismo italiano ocupa el tercer capítulo, donde Casanova desmonta el mito de una toma del poder por asalto armado y muestra cómo Mussolini llegó a jefe de Gobierno en octubre de 1922 gracias a la negativa del rey Víctor Manuel III a reprimir la Marcha sobre Roma y al apoyo de industriales, terratenientes y sectores católicos conservadores. El libro sigue la trayectoria del régimen desde el squadrismo agrario de los primeros años hasta los Pactos de Letrán de 1929, la conquista de Etiopía con gas venenoso, la intervención en la guerra civil española y la fatal alianza con la Alemania nazi, que condujo a Italia a la derrota y al propio Mussolini a ser ejecutado y colgado boca abajo en la piazzale Loreto de Milán en abril de 1945. La República de Weimar y el ascenso de Hitler protagonizan el cuarto capítulo, donde el autor insiste en que el nombramiento del líder nazi como canciller en enero de 1933 no fue una fatalidad inevitable sino el resultado de un pacto entre el movimiento de masas nazi y las elites conservadoras, militares y económicas que buscaban destruir la democracia parlamentaria. La crisis de 1929, con seis millones de parados, y la fragmentación del sistema de partidos proporcionaron el espacio político que el nazismo necesitaba para despegar.
Uno de los capítulos más logrados es el dedicado a la guerra civil española, que Casanova presenta no como un conflicto local sino como una auténtica guerra civil europea, un escenario donde se cruzaron fascismo, comunismo y democracia, y donde combatieron decenas de miles de extranjeros en ambos bandos. El autor analiza con detalle la política de no intervención de Francia y Gran Bretaña, la ayuda decisiva de Hitler y Mussolini a Franco, la intervención soviética y las Brigadas Internacionales, y la larga dictadura que sobrevivió a la derrota de los fascismos en 1945. El sexto capítulo ofrece un panorama comparado de las dictaduras europeas, desde la Hungría de Horthy hasta la Grecia de Metaxas, pasando por Polonia, los países bálticos, los Balcanes y la Península Ibérica, mostrando que la crisis de la democracia no fue una excepción sino la norma en la Europa de entreguerras. El último capítulo, "Tiempo de odios", aborda la escalada de violencia que culmina en el Holocausto, los campos de exterminio, el Gulag soviético y las posguerras, con más de ochenta millones de muertos en el balance total del periodo.
Lo que distingue a "Europa contra Europa" de otras síntesis sobre el mismo periodo es la combinación de rigor académico y vocación narrativa. Casanova escribe con una prosa clara, directa, desprovista de jerga académica pero jamás simplista, que alterna el análisis estructural con el retrato de personajes concretos. El libro incorpora las aportaciones de la historiografía más reciente, desde Orlando Figes y Richard Overy hasta Mark Mazower e Ian Kershaw, y las integra en un relato propio que presta atención tanto a las grandes decisiones políticas como a la experiencia de quienes las sufrieron: los campesinos rusos que devoraban a sus muertos durante el hambre del Volga, los soldados de los Freikorps que remataban a culatazos a los espartaquistas, los brigadistas internacionales que cruzaban los Pirineos para combatir el fascismo, los judíos conducidos a las cámaras de gas de Auschwitz. El ritmo del libro es acumulativo, casi febril, como la propia época que describe, y la estructura temática permite al lector comprender las conexiones entre procesos que una narración puramente cronológica tendería a separar.
Julián Casanova, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza, es uno de los historiadores españoles más reconocidos dentro y fuera de nuestras fronteras. Su trayectoria investigadora ha girado en torno a la historia social y política de la España del siglo XX, con especial atención a la Segunda República, la guerra civil y la dictadura franquista, pero también ha cultivado la historia comparada de Europa y el análisis de las guerras civiles y las revoluciones. Libros como "La Iglesia de Franco", "La historia de España en el siglo XX" (escrito junto a Carlos Gil) o sus estudios sobre la violencia política le han granjeado un prestigio sólido. En "Europa contra Europa", esa experiencia comparatista se pone al servicio de una obra que trasciende el marco nacional para situar la historia de España dentro del gran drama continental, mostrando que la guerra civil y la dictadura no fueron una anomalía aislada sino parte de un proceso europeo de destrucción de la democracia y ascenso del autoritarismo.
El libro encontrará su lector natural en quien busque una síntesis rigurosa y a la vez accesible de las tres décadas más violentas de la historia europea, en el estudiante universitario que necesite orientación en un periodo inabarcable, en el lector culto que desee comprender las raíces del mundo contemporáneo sin recurrir a la erudición intimidante del tratado académico. Sus mayores virtudes residen en la capacidad de Casanova para entrelazar narración y análisis, para mostrar que la historia no es una sucesión de hechos inevitables sino el resultado de decisiones humanas, y para recordar, en un tiempo en que la memoria se impone a la amnesia, que aquellos odios no pertenecen a un pasado remoto sino que dejaron huellas profundas en las sociedades que hoy habitamos. "Europa contra Europa" es, en definitiva, un libro sobre la fragilidad de la civilización, sobre lo delgada que resulta la línea que separa la democracia del abismo, y sobre la necesidad permanente de repensar aquella historia para que no vuelva a repetirse.




CIRCO MATEMÁTICO, por MARTIN GARDNER

 


 


CIRCO MATEMÁTICO, por MARTIN GARDNER



El festín de la inteligencia: un recorrido por el Circo Matemático de Martin Gardner

Existe una creencia muy extendida, y lamentablemente errónea, que sitúa a las matemáticas en un rincón árido del conocimiento, un lugar reservado únicamente para el cálculo gélido y las abstracciones inalcanzables. Sin embargo, cuando uno se asoma a las páginas de Circo Matemático, la obra que recopila algunos de los artículos más brillantes de Martin Gardner publicados originalmente en su mítica sección de la revista Scientific American, esa percepción se desmorona para dar paso a un espectáculo asombroso. El libro no es simplemente un manual de ejercicios o una recopilación de datos curiosos; es, en esencia, una invitación a redescubrir el placer de pensar. A través de dieciocho capítulos que funcionan como actos de una función circense, Gardner logra lo que pocos han conseguido: demostrar que el juego es el mejor camino para captar el interés de los jóvenes y adultos por igual, convirtiendo un rompecabezas o una paradoja en la puerta de entrada a conceptos matemáticos de una profundidad insospechada.
La premisa central de esta obra es la reivindicación de la matemática recreativa como un campo legítimo y vital del pensamiento. El conflicto principal no se da entre números, sino en la mente del lector, que se ve constantemente desafiado por ilusiones ópticas que engañan al cerebro, por figuras imposibles como la escalinata de Penrose o por problemas de probabilidad que contradicen toda intuición básica. El contenido es un viaje caleidoscópico que comienza en los ojos, analizando cómo el cerebro interpreta erróneamente los datos visuales para darnos una «apuesta óptima» sobre la realidad, y termina en el bolsillo, examinando las propiedades numéricas y simétricas de los billetes de dólar. Entre medias, Gardner nos pasea por la elegancia de los triángulos, la geometría de las hiperesferas de dimensiones superiores y la lógica booleana, haciendo que temas que podrían parecer intimidantes resulten tan cercanos como un truco de prestidigitación realizado con cerillas.
Lo más destacado de este circo intelectual es, sin duda, la capacidad narrativa de Gardner para entrelazar la historia, la filosofía y la ciencia pura. No se limita a enunciar un teorema; nos narra la vida de quienes lo soñaron. Así, el lector descubre la trágica pero brillante figura de Alan Turing y su máquina hipotética capaz de computar cualquier cosa, o la modesta genialidad de George Boole, el hijo de un zapatero que sentó las bases de la computación moderna sin poseer siquiera títulos universitarios. El ritmo de la obra es ágil y variado, saltando de la física molecular y los paseos aleatorios de las partículas al diseño geométrico del sistema solar propuesto por Kepler, quien intentó encajar los sólidos platónicos en las órbitas de los planetas movido por una obsesión mística por la armonía. Esta ambientación, que mezcla lo cotidiano con lo cósmico, diferencia a Circo Matemático de cualquier otro texto divulgativo, pues aquí la matemática se siente como una fuerza viva que palpita en el crecimiento de un girasol o en la disposición de las semillas en un panal de abejas.
Gardner nos sumerge en discusiones que van más allá del papel. Se detiene en la paradoja de la inducción, utilizando juegos de cartas como el Eleusis para explicar cómo los científicos formulan hipótesis sobre las leyes de la naturaleza. Nos enseña que la simplicidad, ese concepto tan esquivo que guio a Einstein al elegir sus ecuaciones de la gravedad, no es en absoluto algo simple de definir. A través del dilema de las esmeraldas «verzules» de Nelson Goodman, el autor nos obliga a cuestionar por qué una teoría sencilla nos parece más verosímil que una compleja. Este enfoque filosófico eleva el libro por encima de la mera curiosidad; lo convierte en un tratado sobre la naturaleza del razonamiento humano. No faltan, por supuesto, los clásicos del ingenio, como los números cíclicos, ese collar numérico encabezado por el 142.857 que mantiene sus cifras intactas al ser multiplicado, o los palíndromos, esas frases y números capicúas que reflejan nuestra fascinación ancestral por la simetría y la perfección visual.
Sobre la figura del autor, es imposible hablar de Circo Matemático sin reconocer en Martin Gardner al gran maestro de la divulgación del siglo XX. Nacido en Estados Unidos y con una formación que abrazaba la filosofía, Gardner poseía una curiosidad insaciable que lo llevó a investigar desde la magia y la literatura de Lewis Carroll hasta el escepticismo científico. Su trayectoria está marcada por una humildad profunda; a menudo afirmaba que su éxito residía en que él mismo no era un matemático profesional, lo que le permitía identificarse con las dificultades del lector y explicar los problemas con una claridad diáfana. En esta obra, se percibe su recurrente interés por la conexión entre el arte y la lógica, así como su respeto por los aficionados que, sin sospecharlo, han hecho ricas aportaciones a la matemática a través de problemas aparentemente triviales, como el de los quince escolares de Kirkman o las construcciones de Mascheroni con solo un compás.
El legado de Gardner en estas páginas se conecta con su reconocimiento mundial como un puente entre dos mundos. Logró que matemáticos de la talla de Stanislaw Ulam o Roger Penrose colaboraran con él, aportando sus descubrimientos para que fueran traducidos al lenguaje del gran público. Circo Matemático es el reflejo de esa vida dedicada a mostrar que las matemáticas poseen una propiedad adictiva, similar a una droga saludable que, una vez que te atrapa con un pequeño acertijo, te arrastra hacia campos de una belleza y una percepción de nuevas realidades sobrecogedoras. Su prosa, culta pero accesible, evita cualquier pedantería, prefiriendo siempre la anécdota reveladora o el chiste sutil antes que la fórmula árida y sin contexto.
En su valoración final, Circo Matemático se revela como una obra indispensable para cualquier persona que posea un átomo de curiosidad. Gustará al estudiante que busca una motivación que no encuentra en el aula, al docente que necesita herramientas para despertar el asombro de sus alumnos, y al lector general que disfruta de los desafíos intelectuales que no requieren más que un lápiz, un papel y la voluntad de dejarse sorprender. Sus mayores virtudes son la atemporalidad y su capacidad para transformar objetos vulgares —un puñado de dominós, unas monedas o un ábaco— en instrumentos de exploración científica. Al cerrar el libro, uno no solo sabe más sobre topología, teoría de números o lógica de máquinas; uno siente que el mundo exterior es un lugar mucho más fascinante y ordenado de lo que parecía antes de entrar en esta carpa mágica de la razón. Es, en definitiva, un banquete para el intelecto donde el plato principal es el descubrimiento y el postre la satisfacción de haber comprendido un pedazo más de la estructura secreta del universo.




LAS HIJAS DE LA CRIADA, por SONSOLES ÓNEGA

  



LAS HIJAS DE LA CRIADA, por SONSOLES ÓNEGA



El susurro de la ría y el peso de la identidad en las páginas de Sonsoles Ónega
La literatura contemporánea española ha encontrado en la reconstrucción de la memoria familiar un fértil territorio para explorar las complejidades del alma humana, y pocas obras recientes lo han hecho con la ambición y el pulso narrativo de Las hijas de la criada. Esta novela, galardonada con el prestigioso Premio Planeta 2023, no es solo el relato de una saga que atraviesa casi un siglo de historia, sino un homenaje vibrante a la fuerza de las mujeres que, en una época de sombras y mandatos rígidos, se atrevieron a capitanear sus propios destinos. La relevancia de esta obra reside en su capacidad para amalgamar el rigor de la crónica histórica con una sensibilidad lírica que rescata del olvido las voces de aquellas señoras nadie, trabajadoras de los muelles y las fábricas de conservas, cuyas manos arrugadas por la sal y el frío sostuvieron la economía de toda una región. A través de una estructura que se desplaza entre Galicia, Cuba y Argentina, la narración nos invita a reflexionar sobre la naturaleza de la verdad y la fragilidad de los vínculos de sangre, planteando una pregunta incómoda pero fascinante: ¿qué define realmente quiénes somos, la cuna en la que nacemos o el amor con el que somos moldeados?
La premisa de la novela se forja en una noche de tempestad de febrero de 1900, bajo los imponentes muros del pazo de Espíritu Santo, en la provincia de Pontevedra. En una sincronía que parece orquestada por las fuerzas del destino, dos mujeres dan a luz casi al mismo tiempo: doña Inés, la elegante y devota señora del pazo, y Renata, la criada y guardesa de la propiedad. Sin embargo, lo que debería ser un motivo de alegría se convierte en el escenario de una traición silenciosa. Movida por el rencor, el desamor y una sed de venganza contra el patriarca, don Gustavo Valdés, Renata intercambia a las dos niñas recién nacidas en sus cunas. Así, Catalina, la verdadera hija de la criada, crece rodeada de los lujos y las expectativas de la aristocracia, mientras que Clara, la legítima heredera de los Valdés, es criada en la humildad y el rigor de la casa de los caseros. Este conflicto central actúa como el motor de una trama que explora cómo las vidas de estas dos mujeres se entrelazan de manera indisoluble a pesar de los muros invisibles de la clase social.
Catalina crece como una joven rebelde y desubicada, una extraña en su propia piel que nunca llega a encajar en el molde que doña Inés intenta imponerle, terminando por huir a Argentina en busca de una identidad que le es esquiva. Por el contrario, Clara se revela como una figura luminosa y resiliente; a pesar de su origen supuesto, hereda el genio y la determinación de su verdadera madre, convirtiéndose en el pilar fundamental de la industria familiar. A lo largo del relato, somos testigos de la transformación de Clara, quien pasa de ser una niña que aprende a leer entre periódicos viejos en el aserradero a ser la líder indiscutible de La Deslumbrante, la fábrica de conservas que doña Inés levanta como un monumento a la supervivencia femenina. El conflicto no solo se queda en el intercambio de cunas, sino que se profundiza con el peso del secreto que don Gustavo carga durante décadas, un pecado de juventud con la criada que lo atormenta hasta su lecho de muerte y que amenaza con destruir los cimientos de la familia que tanto se esforzó por mantener unida tras su regreso de las colonias cubanas.
Lo más destacado de esta obra es, sin duda, su magistral ambientación y el uso del entorno como un personaje más. La Galicia de principios del siglo XX, con su orvallo persistente y sus rías indomables, está descrita con una riqueza sensorial que permite al lector oler el salitre y el óxido de las fábricas. La autora logra capturar la esencia de un pueblo que vive de espaldas a la tierra y de frente al mar, integrando con naturalidad hitos históricos reales que dotan de verosimilitud a la ficción. El trágico naufragio del vapor Santa Isabel en 1921, conocido como el Titanic gallego, se convierte en un punto de inflexión emocional que marca la vida de Clara y subraya la crueldad de un océano que da la vida y la quita sin previo aviso. Del mismo modo, la evolución de la industria pesquera, desde el salazón de sardinas hasta la audaz y sangrienta caza de ballenas en las costas gallegas, sirve como telón de fondo para mostrar el empoderamiento de Inés y Clara en un mundo de hombres. La prosa de Ónega es fluida y evocadora, alternando momentos de gran intensidad dramática con pasajes de una melancolía sosegada, manteniendo un ritmo que no decae gracias a la constante tensión que genera el secreto oculto.
La trayectoria de Sonsoles Ónega como periodista y comunicadora se filtra en la obra a través de una investigación meticulosa y un respeto profundo por los hechos que contextualizan la narrativa. Nacida en Madrid pero con raíces gallegas que trascienden su biografía, Ónega ha consolidado una carrera literaria que comenzó con títulos como La calle de las flores mudas y continuó con éxitos como Después del amor, donde ya demostraba su interés por los amores atravesados y las luchas femeninas. En sus trabajos, suele haber una constante búsqueda de justicia para los personajes que han sido maltratados por la historia o por las convenciones sociales. En esta novela, esa vocación alcanza su madurez al conectar la labor del cronista con la del novelista, utilizando la ficción para iluminar rincones oscuros de la realidad social de España. Su reconocimiento con el Premio Planeta no solo valida su calidad literaria, sino que subraya la importancia de contar historias que hablen de nuestras raíces con una mirada moderna y compasiva.
Las hijas de la criada es una novela que encontrará un eco profundo en los lectores amantes de las grandes sagas familiares y de la ficción histórica que no teme adentrarse en las emociones más crudas. Sus mayores virtudes radican en el dibujo psicológico de sus protagonistas y en la capacidad de transformar una anécdota de intercambio de bebés en una reflexión filosófica sobre el destino y la identidad. Es un libro que celebra la inteligencia y el trabajo como herramientas de liberación, pero que también reconoce el poder devastador de las mentiras sostenidas en el tiempo. Al cerrar sus páginas, queda en el aire el aroma de las camelias de Espíritu Santo y el eco de las voces de las oficialas de la conserva, recordándonos que, aunque el mar tenga sus propias reglas, siempre habrá mujeres dispuestas a navegarlo con la cabeza alta y la verdad como brújula. Es, en definitiva, un viaje literario emocionante que invita a reconciliarse con el pasado para poder habitar, al fin, el único lugar seguro que existe: el de la propia verdad.