NADIE ES MÁS QUE NADIE, por MIGUEL ÁNGEL REVILLA
Miguel Ángel Revilla emerge desde las brumosas laderas de Peña Labra, en Polaciones, Cantabria, donde nació en 1943 bajo un cielo que parecía susurrar historias de esfuerzo y resiliencia. Su vida es un lienzo pintado con los colores de la humildad y la tenacidad: un pastorcillo de ovejas en los años cincuenta que, con el paso del tiempo, se transformó en un economista de prestigio, licenciado por la Universidad del País Vasco, y en un político carismático que conquistó el corazón de su tierra. Fundador del Partido Regionalista de Cantabria en 1978, Revilla no solo llevó el nombre de su región a las más altas esferas, sino que también se convirtió en su presidente en 2003, cargo que ocupó en varias legislaturas con una mezcla de pragmatismo y pasión. Economista, profesor, director de banco y, sobre todo, un narrador nato, su voz resuena con la autenticidad de quien nunca olvidó el sabor de la tierra ni el eco de las campanas de su infancia. Autor de varios bestsellers, su pluma destila una sinceridad que trasciende las páginas, y "Nadie es más que nadie" es, sin duda, el reflejo más luminoso de su alma inquieta y su amor por España.
En "Nadie es más que nadie", Revilla teje una autobiografía que es a la vez un fresco vibrante de una España desaparecida y un testimonio palpitante de su ascenso desde los pastos cántabros hasta los salones del poder. Con una prosa que danza entre el humor y la crudeza, nos sumerge en los días de penuria de la posguerra, cuando el hambre era un vecino silencioso y el esfuerzo, el único camino hacia adelante. Desde allí, con la misma naturalidad con que conversa con taxistas o rememora sus tropiezos en la boda del entonces Príncipe Felipe, nos guía por su vida: un viaje propulsado por el amor a Cantabria y una voluntad de hierro. El libro no se detiene en la mera nostalgia; Revilla despliega un espejo ante figuras como el rey Juan Carlos, Aznar, Zapatero o Emilio Botín, despojándolos de sus máscaras protocolarias para revelar su humanidad, sus luces y sombras, con una mirada que no teme ser indiscreta ni hilarante. Pero la obra brilla especialmente cuando arremete contra los "listos" que desangraron la economía y los oportunistas que mancharon la política, destilando una crítica feroz que resuena como un trueno en una noche despejada. Es un relato adictivo, un canto a la igualdad que late en su título, y una invitación a reír, reflexionar y, sobre todo, a no rendirse jamás ante las adversidades.
Lo más destacado de esta obra no es solo la trayectoria de un hombre que desafió su destino, sino la forma en que Revilla convierte cada anécdota en una lección de vida. Su colaboración con Andreu Buenafuente, sus charlas con taxistas que lo tratan como a un viejo amigo, o su denuncia sin filtros de la corrupción son pinceladas que dan color a un libro que no se conforma con ser una memoria: es un grito de esperanza y un recordatorio de que, en efecto, nadie es más que nadie. Revilla, con su chispa única, nos lega un texto que no solo cuenta su historia, sino que nos hace sentir parte de ella, como si estuviéramos sentados a su lado, escuchando sus verdades bajo el rumor de las montañas cántabras.
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