CIENCIA GRIEGA, por BENJAMIN FARRINGTON
Benjamin Farrington (1891-1974) fue un distinguido catedrático e historiador de la cultura clásica, nacido en Cork, Irlanda. Su formación académica se consolidó en el University College de Cork y en el Trinity College de Dublín, instituciones que cimentaron su profundo conocimiento de las lenguas y el pensamiento grecolatinos. A lo largo de su carrera, desempeñó cargos de gran relevancia, como la cátedra de Clásicos en la Universidad de Ciudad del Cabo en Sudáfrica y, posteriormente, la misma posición en el University College de Swansea, en Gales. Farrington se distanció de las interpretaciones puramente idealistas de la historia antigua para adoptar un enfoque materialista y sociológico. Su tesis central sostenía que el progreso intelectual de una civilización no puede entenderse de forma aislada de sus condiciones económicas, sus avances técnicos y su estructura de clases. A través de numerosas publicaciones, se convirtió en uno de los divulgadores más influyentes del siglo XX sobre cómo la organización del trabajo y la política influyeron directamente en el nacimiento de la lógica y la experimentación científica en el Mediterráneo.
En su obra magistral, Ciencia griega, Farrington traza un recorrido detallado que comienza en el siglo VI a.C. con los pensadores de Jonia, como Tales, Anaximandro y Anaxímenes. El autor destaca cómo estos pioneros rompieron con las explicaciones teogónicas para buscar causas naturales en los fenómenos, un cambio de paradigma impulsado por el contacto con las técnicas artesanales y el comercio marítimo. El libro analiza con minuciosidad el esplendor del periodo presocrático, donde la observación y la manipulación de la materia iban de la mano con la especulación teórica. Sin embargo, Farrington dedica una parte sustancial de su análisis a explicar la posterior "decadencia" o estancamiento de la ciencia griega. Argumenta que la creciente dependencia de la mano de obra esclava en las ciudades-estado provocó un divorcio fatal entre la mente y la mano: la élite intelectual comenzó a despreciar el trabajo manual y la experimentación, refugiándose en abstracciones matemáticas y metafísicas. Esta separación, según el autor, impidió que la ciencia antigua culminara en una revolución industrial, dejando un legado donde la brillantez teórica quedó desconectada de su aplicación práctica para mejorar la condición humana.


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