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jueves, 5 de junio de 2025

LOS MILAGROS, por CLIVE STAPLES LEWIS

  


LOS MILAGROS, por CLIVE STAPLES LEWIS



Clive Staples Lewis, conocido universalmente como C. S. Lewis, nació en Belfast, Irlanda del Norte, en 1898, en el seno de una familia culta y de profundas raíces cristianas. Desde niño, Lewis mostró una imaginación desbordante y una pasión precoz por la lectura, alimentada por la vasta biblioteca de su padre y la complicidad de su hermano Warnie, con quien inventó mundos fantásticos que preludiaban su futura obra literaria. La muerte prematura de su madre y la experiencia de una educación rígida y solitaria marcaron su infancia, llevándolo a refugiarse en la literatura y, más tarde, a cuestionar la fe que le había sido transmitida. Durante su adolescencia, se declaró ateo y se sumergió en la mitología, la filosofía y el ocultismo, buscando respuestas en los grandes relatos de la humanidad.

La Primera Guerra Mundial interrumpió sus estudios en Oxford y lo llevó al frente, donde fue herido y donde la brutalidad del conflicto dejó una huella indeleble en su espíritu. Tras la guerra, retomó sus estudios y se licenció con honores en Literatura Griega y Latina, Filosofía e Historia Antigua, para luego convertirse en profesor y crítico literario en la Universidad de Oxford, y más tarde en Cambridge. Fue en Oxford donde Lewis trabó amistad con J. R. R. Tolkien y otros miembros del grupo literario Inklings, quienes influyeron decisivamente en su retorno al cristianismo. Esta conversión, lejos de ser un simple regreso a la fe de su infancia, se convirtió en el eje central de su vida intelectual y creativa. Lewis se transformó en uno de los apologistas cristianos más influyentes del siglo XX, combinando erudición, claridad expositiva y una extraordinaria capacidad para comunicar ideas complejas a un público amplio. Su obra abarca desde la literatura infantil —con la célebre saga de “Las crónicas de Narnia”— hasta ensayos filosóficos y teológicos, novelas de ciencia ficción, poesía y crítica literaria. Falleció en Oxford en 1963, dejando un legado que sigue inspirando a lectores de todo el mundo.

“Los milagros” es una de las obras más profundas y ambiciosas de Lewis, un ensayo en el que aborda con rigor y pasión uno de los temas más controvertidos de la teología y la filosofía: la posibilidad y el sentido de los milagros en un mundo regido por leyes naturales. Lewis parte de una premisa fundamental: para comprender los milagros, es necesario primero examinar la naturaleza de la realidad, la relación entre lo natural y lo sobrenatural, y la capacidad humana para conocer y reconocer lo trascendente. El autor despliega una argumentación brillante y didáctica, desmenuzando las objeciones racionalistas y materialistas que niegan la posibilidad de los milagros y mostrando que la existencia de un orden natural no excluye la intervención de un Dios personal, sino que, por el contrario, la hace posible y significativa.

El libro está estructurado en torno a una distinción clave entre la naturaleza y lo sobrenatural. Lewis sostiene que el universo, aunque regido por leyes físicas constantes, es abierto a la acción de un Creador que trasciende esas leyes y puede, si lo desea, intervenir en el curso de los acontecimientos. Los milagros, en este sentido, no son violaciones arbitrarias del orden natural, sino señales que apuntan a una realidad más profunda, a una dimensión espiritual que da sentido y finalidad al cosmos. Lewis examina los milagros narrados en los Evangelios, especialmente la Encarnación y la Resurrección, y argumenta que estos eventos no solo son posibles, sino que constituyen el corazón mismo de la fe cristiana: la irrupción de lo eterno en el tiempo, de lo divino en lo humano.

Uno de los grandes méritos de “Los milagros” es su capacidad para dialogar con el escepticismo moderno sin caer en el dogmatismo ni en la ingenuidad. Lewis reconoce la fuerza de las objeciones científicas y filosóficas, pero muestra que la razón, lejos de ser enemiga de la fe, es su aliada más fiel cuando se la utiliza con honestidad y apertura. El autor invita al lector a mirar más allá de las apariencias, a reconocer que el asombro, la belleza y el sentido moral que experimentamos son indicios de una realidad que trasciende lo puramente material. El milagro, entonces, no es solo un hecho extraordinario, sino una invitación a despertar a la presencia de lo sagrado en la vida cotidiana.

Entre las citas más memorables del libro, destaca: “Si admitimos que hay algo más allá de la naturaleza, debemos estar abiertos a la posibilidad de que ese ‘algo’ pueda interactuar con ella.” En esta frase se condensa el núcleo del argumento de Lewis: la apertura intelectual a la trascendencia es condición necesaria para comprender los milagros. Otra cita significativa es: “El milagro es, en última instancia, la historia de la naturaleza siendo invadida por la realidad más allá de ella.” Aquí el autor subraya que el milagro no es una simple anomalía, sino una revelación del verdadero significado del mundo. Finalmente, resalta la reflexión: “No creemos en los milagros porque ignoramos la naturaleza, sino porque creemos que la naturaleza no es todo lo que existe.” Esta afirmación resume la postura de Lewis: la fe en los milagros no es fruto de la ignorancia, sino de una visión más amplia y profunda de la realidad.

“Los milagros” es, en suma, una obra que desafía y enriquece, un libro que se lee como una invitación al asombro y a la reflexión. Lewis demuestra en estas páginas su maestría para unir la razón y la fe, la filosofía y la experiencia, la lógica y la poesía. El lector sale de este libro no solo con argumentos renovados sobre la posibilidad de lo milagroso, sino también con una mirada más abierta y esperanzada sobre el misterio de la existencia. En tiempos de escepticismo y desencanto, “Los milagros” sigue siendo un faro para quienes buscan comprender el sentido último de la vida y la posibilidad de lo extraordinario en medio de lo cotidiano.



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